Cencellada para escritores


El trabajo creativo requiere soledad. Requiere concentración, sin interrupciones. […] Es decir, intimidad. Un espacio aislado; para deambular, roer lápices, garabatear y borrar y de nuevo garabatear.

Mary Oliver, La escritura indómita (Errata Naturae, 2021)

No sabemos cuándo fue la última vez que alguien utilizó los graneros. Aquella última ocasión en la que alguien subió y bajó el grano. El instante en que alguien cerró definitivamente los ventanales que miran a las peñas rubias, los barrancos y desde los que el propio pastor de Embid podría vigilar al rebaño.

Allí, improvisamos una mesa con una antigua puerta comida por el sol y dos caballetes nuevos que nunca tendrán su robustez. La estructura se sostiene más por la fe que por la física. De entre el polvo y la inspiración nació Las máquinas al fin festejan, XIX Premio Internacional de Poesía Antonio Gala. Álvaro fue el primer huésped en utilizar ese espacio que hoy se ha convertido en una de las habitaciones más asombrosas de toda la casa y que tanto utilizó, hace más de cuarenta años, la bisabuela de Patricia para coser entre aperos de labranza, sacos y una mecedora.

El mes que cierra el año se encarga de acoger a quienes, acorde con la estación, necesitan recogerse y avanzar a los pies de las estufas de leña. Mercedes repite estancia —el verano le supo a poco— y la acompañan Paul y María Enguix, traductores en busca de paz. Por supuesto, la encuentran y la abandonan unos instantes para festejar la llegada del año nuevo con el resto del pueblo.

Estela Sanchís hace una pausa en la gira de presentaciones de su libro Hasta aquí todo va bien (Candaya, 2025) y escribe sobre la gemelidad lejos de su Valencia natal. Chuck la observa desde su cesto y, de vez en cuando, le pide salir a ver la cencellada que cubre los campos sorianos. Algo parecido les pasa a Ángela y Pablo, que pasean por el pueblo embozados con gruesas bufandas y asombrados por los corzos, las cabras y las águilas que encuentran de camino al despoblado de Mazalafete (Mazalacete).

La semana pasada, los ganadores de la I Beca de Poesía de La Casa de Cihuela —Álvaro Galán, Isabel Riquelme y Francesc López— pasaron por aquí, y el canal autonómico La 8 de Soria aprovechó para hacer un reportaje tanto del pueblo como de la estancia en La Casa de Cihuela. Así celebramos el Día de la Poesía: rodeados de encuentros, confidencias y muchas muchas letras.

En La Casa de Cihuela

el tiempo corre y no vuela;

cada día pasa lento,

la semana fue un momento.

Álvaro Galán

Estas semanas llegan ocho nuevos escritores, la primavera está bien entrada y los campos vestidos con un verde tan intenso que duele verlo. El olor a torrijas y a limonada invade el pueblo. Es hora de preparar la mesa y cargar las estufas con leña.

Taller de microrrelato

Del 15 al 17 de mayo, dentro del ciclo de los encuentros literarios de La Casa de Cihuela, con Ginés S. Cutillas.

Las lecturas de Mariángeles García

Leonard y Hungry Paul de Rónán Hession (Alpha Decay, 2025)

Esta podría ser la historia de dos tipos insustanciales, dos NPC, como dicen los chavales hoy, pero es algo más. Leonard y Hungry Paul son amigos desde la infancia y mantienen una de esas amistades verdaderas forjadas sin sobresaltos y construidas sobre la lealtad y unos valores muy suyos y propios. Pero, aunque sus vidas son sencillas —no viven aventuras locas ni les pasan cosas extraordinarias, lo más excepcional en la trama es la boda de la hermana de Hungry Paul—, su propia existencia común, muy metidos ambos en sus mundos respectivos y sin necesidad de ser otra cosa más que ellos mismos, les convierte en extraordinarios.

La novela del irlandés Rónán Hession es casi un canto a la vida sencilla y un elogio de quienes tienen la valentía de ser ellos mismos, sin preocuparles demasiado lo que los demás piensen o cómo les juzguen. Una historia de dos treintañeros normales y corrientes, sin grandes ambiciones (si seguimos el criterio del éxito social que impera hoy), que te hace sonreír y que te deja un regusto dulce con un mensaje de paz interior para quienes, como los dos protagonistas, solo aspiramos a vivir tranquilos, sin dramas y a nuestra bola.


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